
Respira, exhala… la tenue luz resplandece solo los lugares que mis ojos desean ver, no hay más detrás de esta pantalla luminosa, un delgado cable une la vida de este aparato hasta la mía, el suave roce de mis pies descalzos me hacen notar lo tibia que está la alfombra de este lugar, cajas, una cama desarmada acompañada de la soledad de un plato que antes contenía helado, un basurero lleno de botellas de energizantes que motivan mi día a día y los colores cálidos de la habitación para ocultar al pobre individuo que se mantiene entre sus paredes.
La noche, tan fría y tan oscura, seamos sinceros, está así solo por el hecho de que no deseamos verla de otra manera. El vacío enmudecedor de la habitación que denotamos como silencio no es más que unos labios cerrados ante cualquier palabra, unas mano apretadas ante la ira de una mente que no ve más allá de los cristales esféricos cuales imágenes transmiten a nuestra imaginación y un cesé de toda actividad relacionada con la inercia.

¿Te has sentido alguna vez así? ¿Cómo si tu cuerpo realmente no le importara vivir sino que solo sobrevivir? Cada latido dentro de ese pecho hueco donde solía haber calidez, esos ojos que no dejan conciliar sueño, no dejan pensar, no dejan sentir, no dejan hablar, no dejan mirar, solo expresar. Es verdad, la peor forma de ver el mundo es esperando que todo sea mejor, que todo tenga un final feliz, pero negamos la posibilidad de que sea cierto, caemos en la ilusión de criticar todos nuestros logros y así convertimos nuestra realidad en solo una mentira barata con aires negativos.
Sin embargo siempre pasamos por alto un detalle.
“Aunque todo lo veamos negativo, la imaginación siempre nos permitirá volar.-“